La sangre extraída del donante no se utiliza directamente, sino que se separa en sus diferentes componentes para atender las necesidades específicas de cada paciente. Primero se determina el grupo ABO y el factor Rh, y luego se realizan análisis exhaustivos para garantizar la calidad del material.
Posteriormente, se fraccionan los componentes para distintos tratamientos, como anemia, cáncer, hemorragias o la creación de medicamentos. También son esenciales en procedimientos médicos como trasplantes y cirugías.
A diario, los hospitales solicitan a los bancos de sangre las cantidades necesarias de cada componente, con reservas adicionales para cubrir emergencias imprevistas.